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A primera vista (Cuento)

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Francisco Barcala

Actor, director y escritor. Entre mis escritos se encuentran más de 30 obras de teatro, 3 novelas y cientos de cuentos cortos, así como algunos artículos de temas generales.

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A sus 45 años, Fabián no creía en el amor. Simplemente, se había decepcionado de la vida, de si mismo, de las otras personas. De los hombres en realidad. Desde su adolescencia, Fabián se había asumido como homosexual y esa era una parte de su ser que no le preocupaba en lo más mínimo. Aunque había escuchado de la discriminación que los hombres con su orientación recibían y sabía de casos concretos, él jamás se había sentido rechazado ni por su familia ni por sus amigos o por la gente en general. Pero en el amor, las cosas no le habían ido bien.

Tuvo 3 relaciones que, en su momento, él había pensado que serían “para toda la vida”, había hecho planes… y al final, todo se había desbaratado. Cuando no había sido por infidelidad, había sido por falta de amor, aunque para Fabián ambas cosas estaban relacionadas: la falta de amor engendraba infidelidad y viceversa, pero el caso, es que él se sentía solo. Una serie de intentos de relación en los últimos meses, habían terminado por destrozar sus últimas esperanzas.

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paco1Aquel sábado de finales de invierno, Fabián volvía a su casa después de un largo día de trabajo, la soledad de su departamento se le antojaba poco y decidió ir a tomar un café en un pequeño lugar que le gustaba mucho. Traía consigo un libro que recientemente había adquirido en una tienda de libros usados y que hacía mucho tiempo estaba buscando, así que, ya con la fuerte bebida sobre la mesa y un cigarrillo en la mano, se dispuso a enfrascarse en la lectura de aquella historia. Sólo pudo avanzar un par de páginas. Algo en el ambiente lo distraía, aunque no sabía qué era.

Apagó el cigarrillo, marcó la página en que estaba, aunque ya había decidido volver a empezar desde el principio y dio un par de sorbos a la caliente infusión. Mientras sus labios saboreaban el café y su olfato se regodeaba con el aromático contenido de la taza, su mirada se posó en unos ojos que no dejaban de observarlo desde la mesa de enfrente. Se turbó un poco y aunque no podía dejar de observar aquellos profundos ojos negros que tampoco le quitaban la vista de encima, intentó voltear hacia otro lado. Eso era lo que había provocado su distracción. Se puso nervioso. Jamás se había sentido a gusto siendo observado.

Se consideraba una persona poco atractiva y aunque sabía que su más de un metro ochenta de estatura, su piel blanca y sus ojos de color claro, eran llamativos para otras personas, su cuerpo, aunque delgado, le hacía sentir mal, pues jamás había sido afecto al ejercicio, algunas manchas en su cara, ocasionadas ya por el sol, ya por la edad, le hacían creer que nadie podría fijarse en él. El hombre frente a él no tenía más de 30 años, se veía simpático y era justamente lo que a Fabián siempre lo había atraído. Delgado, de rostro varonil y atractivo y aquellos ojos negros con una mirada noble, tierna, sincera.

Una nueva oportunidad

A pesar de su edad, Fabián se sintió como un adolescente en sus primeros escarceos, trataba de desviar la mirada, de concentrarse en cualquier otra cosa, pero no podía dejar de voltear a ver  aquel joven, que también parecía nervioso, que esbozaba apenas un atisbo de sonrisa en respuesta a las fugaces traiciones que su propia sonrisa le hacía al ver hacia la mesa de enfrente. Fabián pidió su cuenta y pagó lo más rápido que pudo, quería marcharse de ahí, algo en su interior se estaba moviendo y él no quería volverse a sentir así. Temía volver a caer en la ilusión de un amor fugaz, se sentía obligado a alejarse lo más posible de aquella mirada…

Apenas pudo caminar unos pasos. Sabía que él venía detrás, que seguía el mismo ritmo de sus pasos, que aún observaba su espalda y que aún sonreía con aquella ternura, con aquel brillo en los ojos.

– Hola – la voz del joven era melodiosa, varonil, una voz que le produjo confianza- Me llamo Álvaro.

– Mucho gusto. Soy Fabián – se escuchó responder, aunque notó nerviosismo en su tono.

Los minutos parecieron tan solo segundos. La conversación no parecía agotarse. Fabián no podía dejar de observar la línea perfectamente de su mandíbula, recia, de unos labios finos, que invitaban a ser besados, entre los que podía ver unos dientes perfectos, sentir un aliento fresco, se avergonzó del cigarro que había fumado, pero a Álvaro parecía no importarle, tampoco podía dejar de verlo.

Más que sólo miradas

Muchos minutos, tal vez sólo unos segundos después, sus cuerpos se acercaron, casualmente, como si no pudieran escuchar bien lo que sus voces, que habían bajado una cuarta su intensidad, decían, sus manos se rozaron por un instante y la electricidad recorrió sus cuerpos, lentamente, sus rostros se acercaron hasta que sus labios estuvieron a un palmo de distancia.

El silencio inundó su mundo, nada, ni los autos, ni el trepidante ruido de la ciudad se escuchaba ya. Eran únicamente los latidos de sus corazones los que sonaban, los que daban ritmo a sus respiraciones. Ya era un solo corazón el que latía.  Poco a poco, su labios se tocaron por primera vez. Aunque sabían que había un largo camino por andar, ambos sabían que el amor, estaba ahí.

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