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Apropiación Cultural: ¿Se creen que somos imbéciles?

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Profesor y traductor de idiomas. Comprometido con la libertad, la democracia y el progreso. Aventurero y viajero empedernido. Escritor de todo lo que se preste.

Hace poco más de un año, en algún sitio leí una noticia que me hizo reir un poco. Un grupo de alumnas en una universidad norteamericana (privada, para mujeres only), había pedido que la cafetería eliminara de su menú platos tales como el sushi y el kimchi. La razón que esgrimían las pijas señoritas, era que esos platos pertenecían a otras culturas, y comerlos fuera de su entorno era un caso de apropiación cultural.

Básicamente, que comer sushi sin ser japonés es robarle su cultura a los pobres hijos de Hirohito. La corrección política en esteroides.

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Aquel día no pude más que reirme de tamaña sandez. Que alguien dijera que comer sushi o kimchi era robarle la identidad al pueblo japonés o coreano, en ese momento me pareció una broma. De mal gusto, pero broma al fin. Ahora me doy cuenta de que más que una broma, aquel evento y otros más recientes, son un gran peligro para la libertad.
fiesta

 

El avance de la intolerancia progre

También hace unos meses leí otra noticia parecida. Un grupo de estudiantes de otra universidad estadounidense, había organizado una “Fiesta Mexicana”, en la que, claro está, se bebió tequila y se repartieron sombreros charros (mexicanos). Otros estudiantes, de los cuales ninguno era mexicano, montaron una manifestación en contra de dicha fiesta, por aquello de la apropiación cultural.

Según ellos, organizar una fiesta con tema mexicano, sin ser de esa nacionalidad, es racismo. Llevar un sombrero mexicano sin ser mexicano es un insulto para los que sí lo son. Esto es lo que dicen los de la apropiación cultural, no yo.

Los organizadores fueron amenazados de expulsión del gobierno estudiantil, y la universidad pidió disculpas a aquellos que se hubiesen sentido ofendidos. Hasta ahora no se conoce ningún comentario de la embajada mexicana. Aquel día me empecé a preocupar.

Prohibido escribir

En septiembre de este año, la escritora Lionel Schriver fue criticada por hablar en contra de la apropiación cultural. En un discurso (en inglés) durante un festival literario en Brisbane, Australia, Schriver defendió a un colega inglés, atacado por escribir un Lionel Schriverlibro sobre una niña nigeriana. Sus detractores reclaman que un hombre blanco no puede escribir desde el punto de vista de una niña negra, porque no es una niña nigeriana.

Schriver añadió, de ser así, ella sólo podría escribir acerca de mujeres norteamericanas de 56 años. Si la permitimos, la apropiación cultural será el fin de la literatura.

Una mujer presente, abandonó el acto y rápidamente montó una campaña en contra de Schriver en las redes sociales. La organización de la conferencia borró los enlaces al discurso de Schriver y a su perfil personal. Por si fuera poco, la escritora fue agredida físicamente al salir de la conferencia. Totalitarismo literario.

Los antiguos centros de cultura

A finales del verano pasado, leí una noticia sobre la Universidad de Princeton. Era un comunicado de su departamento de recursos humanos en el que prometían eliminar la palabra “hombre” de cualquier documento suyo, y animaban a los alumnos y profesores a borrarla de su vocabulario. De paso, también eliminarán las palabras padre, esposo, etc. La razón, decir “hombre” puede ser ofensivo para alguna personas.

Espacio seguro

Luego están los “safe spaces”, espacios seguros, muy típicos ya en las universidades norteamericanas. Estos son rincones o habitaciones reservadas, para que alumnos que sientan la necesidad de protegerse del exterior, acudan cuando quieran. Según una definición que encontré, Un safe space es:

Un lugar en el que cualquiera pueda relajarse y expresarse libremente, sin miedo de sentirse incómodo, ajeno o inseguro respecto al sexo biológico, raza/grupo étnico, orientación sexual, identidad o expresión de género, antecedentes culturales, edad o habilidad física o mental.  

Todo muy bonito, pero la realidad es que funcionan como pequeñas zonas en las que los presentes no pueden expresarse libremente, para no incomodar u ofender a otro. O sea, un lugar para evadirse del mundo que los rodea.

además, en un safe space está prohibido llevar cruces cristianas o estrellas de David, pero una chilaba, bienvenida. Si ya sabemos de que pìe cojean.

O somos imbéciles o lo son ellos

¿Pero es que hemos perdido el juicio? ¿nos tratan de gilipollas? ¿Qué carajos le importa a un mexicano si alguien bebe tequila o se pone un sombrero? Por lo que me toca, pues nací en México, no tengo ningún problema con que cualquier gringo, argentino o ruso se ponga el dichoso sombrero, que ni siquiera es de origen mexicano, sino español.

¿Quién se creen que son estos talibanes de la corrección política? ¿Quiénes son ellos para decir lo que le ofende a un pueblo o no? Estoy hasta los mismísimos tenates de que algunos hablen en nombre de otros.

¿Alguien cree de verdad que a los japoneses les importa si comemos sushi en Madrid? Lo dudo, más bien al contrario, pues por medio de ese manjar algunos e animan a apropiación culturalconocer más su cultura y visitar su país. Pero no, una bloguera recomienda que ni siquiera digamos “me gusta la comida japonesa”, pues al no conocerla bien, no podemos hablar de ella. Es un insulto cultural.

También está otra que detesta que las mujeres y hombres blancos usen cierto peinado, conocido como “trenzas de boxeador”, porque según ella es un peinado africano, y sólo ellos pueden llevarlo. Me cago en las Schutzstaffeln de la moda capilar. Yo, como todos los seres humanos, desciendo de una mujer negra, así que con eso ya tengo el derecho de peinarme y vestirme como mis primos africanos.

La cultura no le pertenece a nadie. No existe la apropiación cultural

Estos camisas pardas nos quiere prohibir que utilicemos elementos de otras culturas, como si un pueblo, una nación o un país sean dueños de un particular peinado, una forma de preparar el pescado o un sombrero. La cultura es humana, y está para compartirla, no para crear divisiones.

Entiendo que hay ciertas circunstancias que debemos evitar, como burlarnos de un ritual religioso de algún pueblo. Pero comer sushi o vestirse de pirata o de apache, no es ninguna burla. Llevar rastas o cantar rancheras no es un monopolio de los etíopes o de los mexicanos. No puedo imaginarme pagar a los croatas sus derechos de autor cada vez que me pongo una corbata. Tampoco voy a renunciar al kebab. Así, pronto, los valencianos van a prohibir que el resto del mundo coma paella. Me la suda lo que digan las chekas gastronómicas.

verboten
Verboten!

Los de siempre

Sabemos muy bien quién es esta gente de la apropiación cultural. Son los mismos de siempre, aquellos que quieren prohibir todo lo que no les gusta e imponer lo que les gusta. No pueden evitarlo, sólo buscan coartar la libertad del prójimo, de una u otra manera. Ya he leído comentarios de estos intolerantes acerca de no permitir que nadie hable un idioma extranjero, pues según ellos, es robarle su cultura a los hablantes nativos.

Y eso de los safe spaces no es más que una chorrada. Mira que esconderse del mundo real para no sentirse “incómodos”. ¿Es que creen que así se puede vivir? ¿Es que no se dan cuenta que aislarse de la realidad es inútil en un mundo que compartimos todos? La universidad ha sido tradicionalmente un lugar en el que la libre expresión de las ideas es un ideal irrenunciable. Sin embargo, decenas de universidades ya han creado sus safe spaces para que sus pobres alumnos puedan sentirse protegidos. Hazme el fabrón cavor.

Hay muchas cosas que no nos gustan de este mundo, pero no por eso vamos a encerrarnos en nuestra burbuja.

Aquellos que promueven la tontería de la apropiación cultural, aparte de querer imponer sus reglas, insisten en dividir a los humanos entre negros, blancos, rojos o amarillos. No se dan cuenta de que todos somos la  misma especie, la misma raza.

No les tengo miedo

Los totalitarios no cambian, y ya sabemos cómo se las gastan cuando tienen poder. Poco a poco, empezando con la estupidez de “miembros y miembras”, nos quieren llevar a su Mundo Perfecto. Nos quieren callar, oprimir, y si pueden, llevarnos luego al KZ Lager o al GULAG, y todo porque comemos pollo masala o bailamos samba.

Yo no les tengo miedo, que vengan a por mí si quieren, que no se van a encontrar con un borrego al que llevar a la cámara de gas sin defenderse. Seguiré comiendo sushi, pizza (que no deberían comer los italianos porque el tomate es mexicano), y seguiré hablando alemán.

Estoy harto de la corrección política, estoy hasta los tenates de la apropiación cultural. No hay patente para el yoga, ni para el parchís. Nadie tiene la exclusividad del uso de la rueda, ni del fuego. Todo es cultura humana, y pertenece a todos los humanos. Y de hecho, por lo que me toca de humano, doy permiso a los extraterrestres de que beban tequila y se pongan sombreros mexicanos, o españoles. Me la suda lo que digan los talibanes.

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10 comentarios en “Apropiación Cultural: ¿Se creen que somos imbéciles?

  1. Joe Barcala
    Joe Barcala dijo:

    ¡Qué increíble! El colmo de la estupidez humana. No podrían vestirse siquiera. Ni su propio lenguaje, si a esas vamos, pues todos provienen de mezclas. Lo bueno es que con la difusión amplia del conocimiento como es Scrivix, podremos ir avanzando en algunos de estos terribles defectos de la humanidad.

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    • Jesús García dijo:

      Hola joe,
      el mundo está lleno de tontos. Tontos somos todos, pero algunos se llevaron su parte y algo más. En fin, esperemos que esta tontería no dure mucho.
      Muchas gracias y un abrazo.

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  2. franciscojaviertostado dijo:

    Hola Jesús,
    no entiendo nada, ¿nos estaremos volviendo locos? Todos, sin excepción, nos creemos que somos el ombligo del mundo. La cultura no puede ser de unos pocos, es universal, no pertenece a nadie porque es de todos.
    Saludos y buen artículo, gracias por compartirlo.

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    • Jesús García dijo:

      Hola Francisco,
      la verdad es que creo que estas gentes no tienen nada qué hacer. O puede ser que necesiten llamar la atención, y por eso se inventan memeces como esta. Eso sí, lo han conseguido, aunque a un alto coste a nuestra libertad. Ojalá y con este artículo no le de ideas a alguno en España, que ya me imagino al gobierno andaluz prohibiendo que bailemos sevillanas! 😛
      Muchas gracias y un abrazo!

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  3. José Madrid dijo:

    Como decimos por aquí; hay más tontos que botellines de Cruzcampo.
    Ahora que si esos tontos se vuelven peligrosos, a mi tampoco me pillan sin pelear…

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    • Jesús García dijo:

      Hola José, parece que ya no cabe ni un tonto más, pero es un espejismo. Hay sitio para muchos, muchos más… 😛
      Muchas gracias por comentar, y si van a por ti, me avisas….
      Un saludo.

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  4. Cristina González L. dijo:

    Estimado Jesus, en verdad que disfruté este artículo! Además me divertí muchísimo con toda esa sarta de estupideces. ¿Qué está pasando con algúnas gentes? Me parece el colmo de los “controladores”. Aquí dónde vivo, hay personas de diferentes países, ellos comen de todo lo que se puede encontrar por aquí, los sushis, hamburguesas, tacos, etcétera… todo mundo hace lo que les viene en gana. Arriba la libertad, y que se vayan por un tubo esos pobres idiotas.

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    • Jesús García dijo:

      Hola Cristina, me alegra ver que somos más los que pensamos que la “apropiación cultural” es una tontería. No sé qué estudió esta gente, si estudió algo, pero no querría llevar a mis hijos ahí. Parece que la gente no tiene nada que hacer, más que molestar a los demás. Ojalá y encuentren un pasatiempo pronto, y dejen en paz a la gente. 😛
      Muchas gracias y un saludo!

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  5. Pingback: Vivo, vives, vivimos, en una sociedad enferma. ⋆ Scrivix

  6. Piper Valca dijo:

    Hola. Aunque muy interesante tu artículo, creo que hizo falta dar claridad sobre el verdadero concepto de apropiación cultural y las repercusiones de esta práctica, que está más allá de comer o no alimentos de x cultura. No entiendo hasta qué punto este artículo posee seriedad alguna, pero está bastante sesgado. Faltó leer. Conocer diversos argumentos y ser más objetivos. Lo único que leí fue a alguien burlándose de algo que parece no entender.

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