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Comer en Praga

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El Tio-Abuelo Penradock

Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005). Creador del blog El Viajero Incidental. Bloguer de historia, cine, viajes y turismo desde 2009. Editor y colaborador en varios blogs.

 

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Uno de los principales problemas de visitar Praga por cuenta propia es intentar buscarse la vida con el endiablado idioma checo, que para un español resulta un galimatías parecido al klingon pero sin webs frikis a las que acudir en busca de traducción. Ello repercute inexorablemente en la praxis turística del visitante, especialmente en determinados momentos críticos, como cuando uno ha de intentar desentrañarlo (de pronunciarlo en voz alta ni hablamos) al tomar un autobús urbano o el Metro para cubrir una distancia larga porque no sabrá en ningún momento si ha dado con el número adecuado o aparecerá en Polonia, ni si tiene que pagar en el momento o en una taquilla o qué.

Prazený sajr, pecitý kobzol, salse od tatara (queso frito, patatas asadas y salsa tártara)

 

Pero no es ésa la mayor pega a la hora de manejarse con la lengua local porque siempre queda el recurso de tomar el coche de San Fernando y, si se está los días suficientes en la ciudad, repartir las visitas por los cuatro o cinco barrios clásicos de manera que no haya que desplazarse muy lejos. El verdadero momento de la verdad llega a la hora de comer, y no me refiero a salir del paso con una pizza o un perrito caliente callejero para calmar el estómago sino a probar la gastronomía local, que es algo que, al fin y al cabo, forma parte de la esencia viajera y ayuda a comprender la idiosincrasia del lugar.

Maklástiný sajr, úkruch chlebce z kysu (queso piel de armiño marinado con pan de la casa)

 

Con un poco de suerte, el local elegido tendrá la carta subtitulada en inglés, con lo cual se puede salir del paso; otros incluso la ofrecen también en francés y habrá alguno que, en un alarde, la ponga en más idiomas. Pero la prueba de fuego es entrar a comer en aquel restaurante que la pone única y exclusivamente en checo, debiendo lanzarse el cliente extranjero al vacío culinario completamente a ciegas, salvo que los platos se acompañen de una dudosa fotografía. Tiene su punto divertido y si no se es preso de fobias ni hay limitaciones del gusto se disfrutará de la comida de la ciudad, que resulta contundente donde las haya.

Carta de los menús desgustación probados, el bohemio y el zátisí

 

En fin, paso a poner un par de ejemplos diferentes. Si mi primera noche praguesa la arreglé con comida rápida -había llegado tarde y carecía de tiempo para más-, la siguiente salí a cenar a un restaurante posmoderno y caro -llevaba los gastos pagados-, para probar un menú degustación típico de la República Checa. Que me maten si me acuerdo del nombre del sitio (y aunque lo recordara no sabría reproducirlo, probablemente), pero sí que fue curioso eso de probar multitud de miniplatos casi sin saber qué eran. Bueno, no voy a mentir; confieso que la carta los explicaba en inglés, así que fue aventura pero menos. Como ven, me cuidé de hacer una foto de dicha carta y así me ahorro transcribir sus enrevesados nombres.

 

Filete de lubina con limón y salsa Rosemary
La tradicional sopa kulajda, con hongos, eneldo y huevos de codorniz
Bocadito de codorniz asada con risotto de cebada
Filete de pechuga en salsa de pimienta

 

Al día siguiente, para completar un espectro lo más amplio posible y contrastar con el estilo anterior, me llevaron a un mesón de comida tradicional checa, lleno a reventar de gente aunque, por suerte, teníamos reserva. A priori tenía toda la pinta de ser un sitio del que uno no salía con hambre y, en efecto, cumplió todas mis expectativas de asturiano tragaldabas. Creo recordar que se llamaba KRCMA y estaba en el numero cuatro de la calle Kostecna 4, en la Ciudad Vieja, no lejos del Barrio Judío. Ya habrán ido viendo que con cada imagen, y pidiendo disculpas de antemano porque la ortografía checa no es mi fuerte (y no tengo foto del menú), están transcritos los platos catados. Prueben a leerlos mientras mastican un polvorón y añadan las jarras de cerveza del tamaño de un codo que se gastan por esos lares y verán qué divertido.

Pohrúzeny vurt (el “ahogado”, longaniza marinada en salsa de vinagre, cebolla y pimienta)
 
La imagen de cabecera son vurty s pivec, crný, úkruch chlebce z kysu, o sea, salchichas con salsa a base de cerveza negra con pan de la casa. Que hay que explicarlo todo, leñe.
 
Fotos: JAF
Publicado originalmente en EL VIAJERO INCIDENTAL
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