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Desde el Delirio (Cuentezuelo)

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Álvaro Lott
(Michoacán) Ciudadano de a pie, gente común, espectador del mundo, participante de su momento.
Álvaro Lott

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¡Silencio!

Me caí de la cama en un sobresalto, en el sueño aparecieron los recuerdos, los sentimientos y dialogaron haciéndome un pensamiento, tan resolutivo como apantallante, lo suficiente como para que el todo poderoso soñador despertase entre su delirio y tirara al cuerpo. La mente no descansa.

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Fue un programa de traición donde los jefes de las empresas vuelven a sus creaciones, que al menos administran, para ver que ha sido de ellas, para remendar su ausencia, como para enderezar el camino, para honestamente tener preocupaciones humanas y recordar a todo subordinado ignorante quien es quien, pero sin hacer menos el placer que hacer el miedo le produce al animal. Que la visión del bien, de lo correcto no mengüe ni se desvié.

Jefe encubierto dijeron mis memorias, y me imaginé siendo Cristo en las pascuas católicas, en los carnavales, en las vendimias de los patios de iglesia, cobrando diezmos, rezando ritos y hasta martirizándome de nuevo con espinas, como si yo hubiera hecho, de nuevo, algo malo. Cuantas veces me cité en las misas y hasta me di absoluciones de dinero pasando por puertas santas. Me vomite a mí mismo. Ni yo soy Cristo, ni esa su religión, ni cristiano, ni protestante. El de mi sueño quien sabe que demonio era, ignorante de lo que las religiones cristianas son sin Cristo. Amén.

Tuve temblores y frío, pero volví a dormir. Ahora como ángel de siete galaxias metafísico me hacía llamar Khal – El, e irresponsabilidad la mía, entre la doctrina que profesaba no había ortografía, ni intérpretes, solo ángeles con poderes que peleaban con demonios en Alfa Reticuli y Centauri, todos quedaban lejos según soñaba. Cada uno con poderes en un universo fidedigno, tanto como la suposición de mi presencia. De loco, vino Kant a cagarme pues no sabía lo que soñaba, ni la ficción lo que decía. Aun así, ambos lo creímos.

Me dio más frío y quise cobijarme, pero me andaba la orina de ser Umberto Eco al menos en sueños, y lo fui, y al serlo, digo que nunca me dieron peores punzadas en el hígado del des-contexto como al oír a la legión de imbéciles. Gritaban y refunfuñaban “Umberto Eco”, se lo decían a doctos, a letrados, a mercenarios, a los perros, a las aves y hasta alegaban con piedras, y les vi las cabezas huecas y grité “Pluralidad” y me lanzaron mis propias palabras, pero impregnadas del mortal veneno de la ignorancia. En vida le di metralla a los simios y atascaron su voz de sapos.

Sin despertar, fui sin dejar de ser Eco, un monstruo de mil caras, de mil lenguas in-coincidentes, verborreico y tan falso que no se siquiera si ese fui cierto. Era Dylan, Bob Marley, Einstein, Cohelo y Gandhi, pero solo busto enmarcado en un meme, con palabras inmias, rimbombantes y hediondas de petulancia, pero aplaudidas como nunca lo que siendo tantos dije en vida. Una plasta de verdades, mentiras e incoherencias amalgamadas al calor de la sabiduría popular y la irresponsabilidad de la holgazanería.

Por último, ya con el sol de la mañana secándome las gotas de terror nocturno, fui la injusticia, la luz neciada, y la verdad impedida. Era un hombre solo, frente a una gran bombilla brillante, irradiando luz, y siendo sometido a juicio para probarla. Rodeado de enormes jueces iluminados y un oscuro jurado en las sombras. Gritaba que la luz estaba, y todos la veían, pero me negaban que fuera cierto pues no podía probarlo, y si explicaba su funcionamiento, me pedían pruebas de la electricidad, y de Benjamin Franklin, y luego del viento, y luego del mundo, y luego pruebas de mi juicio, y supe lo que es un absurdo. Grité ¡Absurda es la ciencia! Y la mujer que dormía a mi lado me dio un codazo y me dijo descansa y dormí media hora más, pero ya sin soñar.

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3 comentarios en “Desde el Delirio (Cuentezuelo)

  1. Joe Barcala
    Joe Barcala dijo:

    Ha valido la pena la espera de tus publicaciones. Este cuentezuelo, como le llamas, es una maravilla, repleto de significados y de referencias culturales, sociales, incluso psicológicas. Dalí diría que no era un payaso y que sí lo eran quienes se esconden tras de las máscaras de la seriedad. Tu ironía te hace más sabio que loco. Felicidades Lott, un abrazo hasta Morelia. ¡Viva la libertad! de tu expresión.

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  2. Álvaro Lott
    Álvaro Lott dijo:

    Jeje, Gracias Joe, aun me falta darle algunos retoques, pero ya ando de vuelta. La verdad no es bonito escribir cosas así, es nocivo para la salud, hay que sentir mucho malestar y luego sentirlo de nuevo para redactarlo, si por algo de lo que dice se siente empatía, me van a entender que es mejor pisar descalzo una canica. Un abrazo hasta Puebla, aquí andamos.

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    • Joe Barcala
      Joe Barcala dijo:

      ¡Nocivo para la salud! Ja, ja… excelente. Los sentimientos también radican en el cerebro… no hay más que pensarlo y ¡zaz! se producen las inconformidades que necesitas. Abrazo recibido y reproducido de vuelta. ¡Suerte!

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