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El cáncer del emperador Federico III

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Médico especialista en Obstetricia y Ginecología. Soy autor de dos novelas históricas: Lucius Cassius, el médico esclavo y El Escrito de Dios, publicadas por la Editorial Stonberg. Recientemente he publicado mi tercer libro CÓMO ENFERMAR Y NO MORIR EN EL INTENTO Un viaje a través de la historia de la Medicina, un recopilatorio de artículos de mi blog.

 

El emperador recae en la cabeza sobre una almohada, las manos se doblan en el cuerpo. Lleva una cinta alrededor del cuello con la Gran Cruz de la Cruz de Hierro. En su pecho se encuentra una corona de laurel marchito, que fue depositado allí con su espada por su viuda Victoria (1888)

En la imagen de arriba podéis ver el retrato post mortem del Káiser Federico III de Hohenzollern, segundo emperador de Alemania y octavo rey de Prusia, la causa de la muerte: un cáncer de laringe.

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En todos los cánceres el diagnóstico precoz es fundamental para su curación y el cáncer de laringe en estadios iniciales se puede tratar con láser que evita recurrir a la traqueotomía, encontrando una supervivencia superior al 90%. Pero antes no era así y en el caso del emperador Federico III tampoco sería una excepción.

A puertas del siglo XX Alemania se convertiría en una de las emergentes potencias europeas gracias en parte a la reunificación bajo el reinado de Guillermo I, padre de nuestro protagonista. Federico III era un hombre de tendencias liberales, algo muy criticado por ciertos sectores de Alemania, y su boda con una de las hijas de la Reina Victoria sería vista con recelo.

La enfermedad

En 1887, a la edad de 55 años, la enfermedad comenzaría a ocasionarle los primeros avisos con una ronquera que sería valorada por uno de los médicos alemanes más notables de aquella época, el profesor Gehrardt. Entonces se examinaba la laringe con un simple espejillo laríngeo, por cierto, un invento del español Manuel García, evidenciando una pequeñísima lesión de 4 mm en la cuerda vocal izquierda que intentaría extirpar sin éxito.

Poco después, decidió consultar el caso al catedrático de Cirugía de la Universidad de Berlín, Ernst von Bergmann, quien determinaría que se trataba de un cáncer de laringe que debía ser tratado con la temida laringectomía total, es decir, la extirpación completa de la laringe.

Esta técnica quirúrgica representaba una novedad, aunque con pésimos resultados, al morir todos los pacientes que se habían sometido a ella a consecuencia de las infecciones y graves hemorragias que se presentaban.

… y se suceden las opiniones médicas

Ante el infausto panorama que se enfrentaba el emperador se decidió consultar al más eminente laringólogo de aquellos tiempos, el inglés Morell Mackenzie. Los médicos alemanes lo criticarían por verlo como una injerencia y una falta de confianza del emperador hacia ellos. Tras ser examinado por el profesor, este determinaría que efectivamente se trataba de un tumor, pero benigno. Tomó una pequeña muestra para que lo analizara el patólogo Virchow, sin hallar evidencia de cáncer en la pieza. Desconfiados del resultado volverían a tomar posteriormente varias muestras que terminarían por extirpar completamente la lesión, pero en ninguna de ellas se encontraría el más mínimo indicio de malignidad.

La operación en la garganta del Kaiser Federico III por los Dres. Morell Mackenzie, Hermann Krause, Friedrich Gustav von Bramann, Mark Hovell y Schrader.

El fatal desenlace

En noviembre de ese mismo año, mientras el emperador se encontraba en San Remo de vacaciones, sufriría un resfriado que le ocasionaría un aumento del tamaño de la glándula submaxilar. Será entonces que el mismo Prof. Mackenzie le diagnosticaría el cáncer de laringe indicando la laringectomía, tratamiento al que se negaría rotundamente.  Tres meses después su estado de salud empeoraría siendo imprescindible la práctica de una traqueotomía que realizaría el Dr. Bergmann para evitar que se ahogara. Le colocó una cánula para permitirle respirar con la mala fortuna de que la incisión provocaría una hemorragia que tardó dos horas después con la complicación de un absceso en su cuello. Se hizo necesaria la práctica de una nueva traqueotomía pocas semanas después, siendo el Dr. Thomas W. Evans quien la practica con éxito.

A consecuencia de la cirugía Federico III no podía hablar y debió recurrir a la escritura para poder comunicarse. El destino quiso que pocas semanas después falleciera su padre y heredara el trono cuando su estado de salud ya era más que delicado, reinando solo 99 días en los que siempre sería consciente que le aguardaba la muerte, atormentándose por no poder regir el destino de Alemania. Fallecería el 15 de junio de 1888 y tras su fallecimiento, Virchow conseguiría demostrar tras la autopsia el diagnóstico de cáncer, concretamente un carcinoma epidermoide ulcerado con metástasis ganglionares cervicales.

Las consecuencias políticas

El sucesor de Federico III, su hijo Guillermo II, practicaría como su abuelo una política interna conservadora pero agresiva en lo que respecta a su relación con los otros países. Algunos historiadores consideran que si no hubiera fallecido Federico III bien podría haber impedido el inicio de la Primera Guerra Mundial convirtiendo Alemania en una democracia liberal, aunque esta aseveración podríamos considerarla más que optimista dado que el inicio de la Gran Guerra ya era inminente.

El cáncer de Laringe

España es el país del mundo con mayor incidencia de cáncer de laringe debido al exceso en el consumo de tabaco registrado durante años (18 casos por cada 100.000 habitantes) y es la segunda neoplasia más frecuente del tracto respiratorio (sólo superada por el de pulmón). Además del tabaco, el alcohol es también uno de los principales factores de riesgo para desarrollarlo -por eso es más frecuente en hombres-, y hoy se sabe que la infección por el virus del papiloma humano relacionada por la práctica del sexo oral es causa de hasta el 30% de los tumores malignos de orofaringe que se diagnostican en nuestro país.

Está claro que el diagnóstico de la enfermedad de Federico III se realizó de manera tardía y hasta contradictoria por los más eminentes médicos de su tiempo, aunque si se hubiera realizado antes la supervivencia del emperador no se habría modificado mucho.

El emperador Guillermo II en el ataúd de su padre el emperador Federico III en la Friedenskirche de Potsdam; por William Pape (1859-1920); Hohenzollern Cripta, Catedral de Berlín, Berlín, Alemania.

Para saber más: 

Síntomas cáncer de laringe aecc

Tasas de supervivencia American Cancer Society

Links fotos: 

Wellcomeimages.org

JoJan

Link información aprendeotorrino.com

Publicado originalmente en: franciscojaviertostado.com

Visto: 3930 veces.

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