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Joe Barcala

Joe Barcala

Me encanta la magia de la imaginación que me permite recorrer el mundo, los rincones de la inteligencia y las infinitas posibilidades del universo mismo. Te invito a visitar mi blog: www.JoeBarcala.com

Cerca de un parque a la vuelta del supermercado que visito con regularidad, un grupo de muchachos de unos 15 años de edad discutían acaloradamente sobre un tema que me causó mucho interés. No era para menos: se reían de las diferentes formas en que ellos pedían o perderían la virginidad.

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Atrincherado en una barda

Uno de los más altos del grupo, luego que me senté en un trozo de barda fingiendo una espera con un cigarrillo, intenté escucharlos y que no se dieran cuenta, para no interrumpir su diálogo inhibiéndolos, gritó emocionado qué una tal Lucila le sedujo unos meses antes, luego de una larga tarde de conversación.

De inmediato me di cuenta que los demás se sintieron “incompetentes” en los resultados de sus esfuerzos, al grado que magnificaban sus inútiles resultados al respecto. “Yo pude poner mi mano en la vagina de una chava, obvio, con pantalones”. “¿Y qué pasó?”, cuestionó otro. “Nada, sólo eso”, desmotivando a su audiencia.

Cada uno se dio tiempo para definir los diferentes fajes, pero ninguno como el engreído grandote más experimentado. Un lengua larga se atrevió a jurarles que esa misma semana “tocaría fondo” con Rebeca, su novia. Besó la señal de la cruz. En mi escondite, no podía parar de carcajear. amor Reflexionaba que el sexo tiene muchas cargas morales.

A los jóvenes aquellos no les importaban los asuntos éticos, al menos no en esa conversación de “círculo cerrado” con sus amigos, camaradas, cómplices.

Me quedé pensando…

Pero a decir de mis observaciones cotidianas al respecto, veo que la gente en general se cohíbe con ese tema, mostrándose temerosos, apartados y angustiados del “qué dirán”, de prejuicios religiosos, de aseveraciones morales sin sentido.

El sexo es un acto perturbador para muchos. Ha dejado de ser una manifestación de amor para convertirse en una carga, en una enorme responsabilidad que gran cantidad de personas prefieren no atreverse, a no insinuarse, expresando con su rostro la temeridad, la angustia, el miedo de “fallarle” a otros: padres, familia, feligreses o curas.

Libertad

¿Cómo indicarle a la gente que tienen derecho al placer? No quiere decir que sean irresponsables, pero deberían hacerlo con libertad, sin ataduras morales, sin “instituciones”, pues ello les permitirá madurez. Desde luego, que se protejan, que usen preservativos, pero luego de eso, que practiquen el sexo casual.

Hoy que se celebra el “buen fin” en México, bien podrían darse cuenta que el mejor “buen fin” que van a conocer, es el orgasmo.

Todos tienen sexo…

Dejen a los casados, a los curas, a los eremitas, a los capados a tener sexo a escondidas. Los demás, deberían ser más libres de recrearse con el sexo sin miedos. Una sociedad más culta es aquella que no se mete en la vida de los demás.

Para aquellos “asustados” que leen estas líneas, déjenme decirles que no es depravación, si fuera así, estaría invitando a las personas a tener sexo en orgías, a la promiscuidad, al sexo sin amor. Nunca dije eso. Se trata de liberar al sexo de ataduras morales, convertirlo en una manifestación de amor libre y sin morbosos buscándoles para juzgarles.

 

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