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La Balacera (Cronicuento)

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Álvaro Lott
(Michoacán) Ciudadano de a pie, gente común, espectador del mundo, participante de su momento.
Álvaro Lott

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Como a las 11 de la mañana era cuando mi papá se bañaba para ir al trabajo. Su rutina era, mas o menos, ir a correr como a las 9, desayunar con mi abuela a las 10, alistar sus cosas para el trabajo como a las 10 y media y bañarse cerca de las 11, para 5 antes de las 12 estar en su trabajo, así durante 31 años y gracias a dios nunca cambio los horarios ni las rutas porque ese día lo habría perdido.

Eran como las 11 de la mañana y mi hermano y yo veíamos la televisión, no recuerdo que canal, pero si recuerdo que durante unos 4 años las balaceras eran la constante en las noticias hasta que dejaron de estar de moda y el gobierno decidió que mejor no las pasaran. Oímos un fuerte estruendo, y pensamos que mi papa se había caído en el baño, pero él gritó para preguntarnos qué cosa había pasado, así supimos que no se había caído. Al minuto subimos a ver por las ventanas de la planta alta que era lo que se oía, pues 3 estruendos iguales al primero pasaron en minuto y medio, y vimos en la parte de atrás de la casa a un montón de monos que saltaban por las bardas de adentro de la cuadra; Se oyeron balazos y se empezó a sentir como nos pasaban por encima de la cabeza. Eran chiflidos roncos unos y otros agudos ¿Quién en Zitácuaro no ha oído un disparo? Lo que de plano nos hizo tirarnos al piso fue la cantidad y el sonido de ametralladoras y algo que sin duda sonaba como el lanzacohetes del terminator.

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Mi papá se tiró en su cuarto y mi hermano y yo tras la barra de la cocina, hacía 3 minutos veíamos la televisión y de repente estábamos en medio de un desmadre tipo película, gritos de hombres a unos 50 metros de nosotros ensordecidos por los disparos y lo que hasta después supimos fueron granadas de mano y tiros de lanzagranadas. Tres minutos después de la primera explosión hubo silencio, y silencio de ese que nadie escucha más que cuando se tapa lo oídos, luego tiroteos intermitentes durante unos 20 minutos. Mi mamá estaba en su escuela y no contestaba el teléfono y mi otro hermano no tenía, pero estaba tan lejos que seguro no le tocarían balazos.

Mis tíos viven a un lado de la casa y cuando hubo silencio, mi hermano se asomo por la puerta de la entrada para que se vinieran a guarecer mi primo y su hijo, pero no se pudo, al sacar la cabeza lo único que vio fue a dos monos corriendo hacia la puerta bañados en sangre y con metralletas en mano y mejor cerró la puerta y de nuevo nos tiramos contra la barra.

A la media hora ya casi no se oían balazos, pero ahora se oían helicópteros y una negra fumarola se alzaba por encima de los techos de las casas, venia del centro de la ciudad y aunque no había noticias sobre lo ocurrido, ya los amigos y conocidos habían subido en facebook mucha información sobre la balacera.

Subimos de nuevo al segundo piso, a ver que había en la casa desde donde habían saltado los monos y lo que había ahora eran soldados, unos revisando las azoteas y otros rematando a los que habían quedado tirados, y eso yo lo vi, no es testimonio de mi hermano ni de los vecinos, eso yo lo vi.

Apareció en la pantalla de mi recién estrenada Tablet, que se reportaba en Zitácuaro un enfrentamiento entre miembros de la delincuencia organizada y soldados que repelieron una agresión, lo cual resulto ser cierto, pero por una razón algo cómica que al final les contaré el por qué.

Reportaban bloqueos y carros incendiados en las 3 salidas de la ciudad y la quema de la gasolinera del centro, de allí era la humareda que se veía a lo lejos. Ya casi una hora después salieron los vecinos a contar sus malas nuevas y mi hermano a guardar su Tsuru, un tsurito dorado del 86 que ya no prendió ni daba marcha, tenia 2 disparos, uno le hizo mierda la marcha y el otro el radiador y el cableado. Dijo un vecino que era porque un soldado le apunto, desde los 80 metros de distancia a los que queda la esquina, a un “lacra” que se escondió atrás del carro, solo que le dio al carro y el tipo fue de los que escaparon.

Otro vecino dijo que a otros dos si los agarraron a mitad de la cuadra y los “Sardos” les dieron una mega madriza, que hasta los cachazos se oían adentro de su casa, a pesar de que se los daban a las cabezas de los morros. A otra vecina se le escondió un “zancudo” con pistola en su cocina y le gritó a los soldados para que lo sacaran, y de los pelos se lo llevaron… y así varias historias como de los 4 que desinflaron en la esquina y que los mismos soldados regresaron a la casa de donde salieron para que nadie viera los cuerpos.

Yo conté 6 tirados en el patio de en medio de la cuadra, estaban muertos, más los 4 que ya habían escondido, mas los 2 que quedaron cerca del rio, mas otros 4 que reventaron dentro la casa donde estaban, son 20 los difuntos que nadie puede negar, por que los contamos antes de los peritajes, porque sus cuerpos estaban tan distantes como para repetirlos en la cuenta, porque eran conocidos por la población por sus alias y porque a una camioneta de la PGR le llenaron la batea de cadáveres y los enlonaron en el patio donde echaron a los 6 que yo vi. En camionetas del SEMEFO se solo llevaron a 4 los que quedaron en la casa de donde los demás saltaron como cucarachas en incendio, algunos sin armas.

Por encima de la casa no creo que vuelva a volar tan cerca un helicóptero, y menos 3, y menos uno artillado y menos con ánimos de tirarle a lo que se mueva, y es que espero que no se suelte de nuevo la guerra. Ahora dicen los noticieros que ya en México no pasa eso y dice el gobierno que nunca sucedió.

Hasta las 7 de la noche pudimos salir y mi madre y mi hermano de 15 años entrar a su cuadra. Estaba atascada de peritos soldados, federales, policías, judas y demás parásitos del presupuesto, haciendo todo tipo de circo para los 4 pobres y valientes reporteros que llegaron hasta allí.

Toda seguridad que tuvimos de que nuestros familiares estuvieran bien, fue vía internet, porque hasta en el jodido noticiero de Paola rojas, se limitaban a decir que un enfrentamiento había dejado 3 muertos y algunos detenidos, como si fuera menos importante esto, que no sé qué actriz le dejó plantada a Carmen Salinas en “Aventurera”

La camioneta con los cadáveres salió de nuestras vistas como a las 5:30 de la tarde, pero dejó su hilito de sangre como las que dejan las de los carniceros saliendo de los rastros, ese hilo de sangre de media cuadra no lo vieron ni los peritos, ni los lentes de los reporteros, ni televisa ni Felipe Calderón, pero a muchos no se nos va a olvidar jamás.

 

De esa manera acabó una reunión de un jefe de plaza con sus secuaces, en una de sus casas de seguridad, pusieron a unos de sus halcones en la esquina de donde se realizaba la reunión y por casualidad, una camioneta de soldados pasó por allí y los halcones se pusieron nerviosos, y se pusieron a tirarles a los soldados. Luego se fueron a esconder a la casa donde estaba la reunión y empezó la balacera. Fueron primero 6 soldados y luego 18, contra unos 28 mafiosos incluido el jefe de plaza. La mafia era una cosa abusiva, pero es sorprendente que haya habido detenidos y no todos muertos, digo algunos “lacras” corrían desarmados y a otros los remataban. Lo que paso en Tlatlaya años después me resultó muy familiar.

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2 comentarios en “La Balacera (Cronicuento)

  1. Jesús García dijo:

    Hola Álbvaro,

    aunque trata de un tema triste, me ha gustado mucho el cuento. Muy fluido y entretenido, y con algo de suspenso. Enhrabuena y gracias por compartirlo!

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  2. Álvaro Lott
    Álvaro Lott dijo:

    Jeje vale, Gracias. En efecto, triste, por estar basado en hechos de la vida real.

     

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