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La cesárea, ¿uso o abuso?

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Médico especialista en Obstetricia y Ginecología. Soy autor de dos novelas históricas: Lucius Cassius, el médico esclavo y El Escrito de Dios, publicadas por la Editorial Stonberg. Recientemente he publicado mi tercer libro CÓMO ENFERMAR Y NO MORIR EN EL INTENTO Un viaje a través de la historia de la Medicina, un recopilatorio de artículos de mi blog.

 

Recientemente se celebró en la entrañable ciudad de Oviedo, en el norte de España, el XXXIV Congreso de la Sociedad Española de Obstetricia y Ginecología. Entre muchos otros temas se trató uno que preocupa a los profesionales y seguro también a muchos de vosotros, me refiero a la práctica de la cesárea como vía de finalización de un parto, una cuestión que abordó el Dr. Luis Fernández Llebrezdel Hospital Universitario de Cruces en Bizcaia. En esta ocasión, me perdonaréis que incida más en un tema médico que histórico, pero la utilización que se está haciendo de esta práctica quirúrgica en la actualidad no es baladí, por otra parte, ya sabéis que la medicina es parte importante del blog.

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Incidencia

Según los distintos países puede ser muy dispar: en Latinoamérica casi cuatro de cada diez partos se realizan por cesárea; en Egipto al 51%; en Italia al 38% y en USA alcanza la cifra del 32% total de los partos, aunque encontramos variaciones importantes según el Estado del que estemos hablando.

Según datos del 2015 del Ministerio de Sanidad, en España la media se sitúa en torno al 25%, encontrando en Extremadura la mayor incidencia con el 30% y en el País Vasco, la menor, con un 15%. Según el tipo de hospital donde nos encontremos comprobamos que en el sistema sanitario público es del 21%, cifra que asciende de manera significativa hasta el 38% si nos referimos al sistema privado.

¿… y cuál es la incidencia óptima?

Las recomendaciones de las distintas sociedades médicas contrastan con las anteriores cifras. Según la International Federation of Gynecology and Obstetrics (FIGO) en el World Congress of Gynecology and Obstetrics celebrado en Vancouver en el año 2015, la tasa de cesáreas no debe superar el 15%. Otras organizaciones la reducen al 10%, pero según la OMS “debe hacerse todo lo posible para realizar cesáreas a todas las mujeres que la necesiten en lugar de intentar alcanzar una tasa determinada”. Pero, ¿quién la necesita? Y… ¿quién la decide, el médico o la paciente?

Complicaciones de la cesárea

Su práctica no está exenta de riesgos. Se calcula que a corto plazo triplica el riesgo del parto vaginal, algo que en muchas ocasiones no se tiene presente. Infecciones, hemorragias, enfermedades tromboembólicas y el íleo paralítico serán solo algunas de ellas, sin olvidarnos tampoco de los riesgos neonatales como el aumento de la morbilidad respiratoria, el aumento de ingresos en las unidades neonatales, los trastornos inmunológicos, de asma y las alergias alimentarias que presentarán con mayor frecuencia con el tiempo.

Causas de su incremento

En los últimos años estamos viviendo un cambio en la conducta de finalización del parto: el menor número de partos vaginales después de una cesárea previa; la disminución del parto instrumentado mediante fórceps y espátulas; la monitorización de la frecuencia cardíaca fetal intraparto; los factores maternos como son la diabetes mellitus, la hipertensión arterial y la obesidad; la gestación múltiple; y otros aspectos no médicos como los médico-legales y la demanda social de la propia paciente que podríamos definir como “cesárea a la carta”.

¿Cómo reducirla?

Parir necesita tiempo, más tiempo del que en ocasiones se dedica, y la decisión de intervenir ante una posible distocia en la inducción y el progreso del parto y del expulsivo debe tomarse en función de esto y no exclusivamente de la duración del parto. Siempre recordaré lo que decía uno de los médicos con los que aprendí a partear: “El mejor obstetra es el que menos interviene”.

Y es posible reducir la tasa de cesáreas -muchos médicos proponen como cifra óptima el 19%– de manera segura tanto para el recién nacido como para la madre, y así avalan los datos de los estudios que se disponen. Cuando nos encontramos en un centro hospitalario con los medios y los profesionales adecuados, parece razonable intentar un parto vaginal tras una cesárea previa o en una presentación de nalgas de un recién nacido a término.

Como decía antes, el número de cesáreas en el ámbito privado es mayor que en el público. El miedo del médico a ser denunciado o la simple elección de la paciente son algunos de los motivos. Pero me gustaría hacer una última reflexión antes de entrar en el debate que seguro generarán los comentarios:

Tenemos que cambiar nuestra actitud y aunque disponemos de las herramientas necesarias… ¿Tenemos voluntad para hacerlo?

Publicado originalmente en: franciscojaviertostado.com

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