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La detención de Javier Duarte no acabará con la corrupción de los políticos mexicanos (vídeo y artículo)

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Abel Pérez Rojas
Nació en Tehuacán, Puebla, el 6 de enero de 1970. Es poeta, conductor de programas de radio, académico y gestor de espacios de educación permanente presenciales y virtuales.


16 de abril de 2017

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“Periódicamente se entrega la cabeza de algún político corrupto para calmar la ira del pueblo”.
Abel Pérez Rojas

 

Es cierto que no puede quedar impune la interminable serie de delitos cometidos por Javier Duarte, pero también es cierto que no podemos tomarnos la píldora de que detenido el ex gobernador de Veracruz, se acabe, al menos en cierto grado, con la corrupción de la clase política de nuestro país.

La noche del sábado las grandes cadenas de televisión mexicanas dieron el banderazo de salida de lo que más tarde se convertiría en una avalancha de información, en gran medida repetitiva, sobre todo lo relacionado a la biografía y actuar como funcionario público de Duarte de Ochoa.

En pocos minutos las redes sociales habían convertido la detención de Duarte en el principal tema de análisis y burla.

Pero, más allá de las reacciones iniciales, las cuales obviamente irán cambiando y decayendo con el paso de los días, debemos revisar con frialdad el alcance y uso de esta detención, la cual indudablemente debe analizarse con una lupa política tomando en consideración las tres elecciones estatales de este año para elegir gobernador: Coahuila, Nayarit y Estado de México.

Obsérvese que casi la totalidad de los análisis realizados en la televisión abierta y medios afines, carecen de vincular el actuar del ahora detenido con la administración federal, sin cuya complacencia hubiera sido, si no imposible, sí al menos sumamente difícil de que se llevará a cabo sin detonar las alertas de diversos indicadores.

Los abusos y delitos cometidos en la administración de Javier Duarte fueron posibles gracias a que contó con diversos aliados de la esfera nacional.

¿Acaso no sabía el presidente Peña de las cantidades exorbitantes que no llegaban a los programas sociales a los que iban destinados?

Si el presidente no estaba informado, entonces ¿quién o quiénes no le informaron al presidente de lo que pasaba en Veracruz?

¿Quiénes debieron de haber auditado escrupulosamente los recursos federales que llegaban a Veracruz, pero que se quedaban en los bolsillos de los funcionarios estatales en turno?

Éstas y otras preguntas nos dejan entrever que todo el entorno del ahora ex gobernador de Veracruz estaba tejido finamente con una amplia red de encubrimiento.

No es suficiente con la detención de Duarte, ni de algunos de sus ex colaboradores, es necesario una amplia y verdadera investigación que desarticule la red que hizo posible todo esto, pero ¿usted cree que realmente se llegará al fondo cuando seguramente están implicados personajes que están en funciones?

Por otra parte, si bien es cierto que lo visto en Veracruz durante el sexenio de Javier Duarte es hasta ahora el caso más sonado recientemente, también es cierto que no es ni el único en capilla ni el último.
¿Cuántos “Duartes” más estarán haciendo en estos momentos de las suyas?

¿Cuánto tendremos que esperar para que esos “Duartes” terminen sus funciones y entonces sí sean investigados y usados como chivos expiatorios?

Por lo pronto lo que nos debe quedar claro es que la detención de Javier Duarte es hasta ahora un simple espectáculo mediático que ni cosquillas le hará al gran monstruo de la corrupción de los políticos mexicanos.

¿Qué le parece?

Artículo publicado originalmente en : www.sabersinfin.com

 

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