cueva-llamar-a-las-cosas-por-su-nombreComo mencionaba en la introducción, las cosas tienen ya establecido un nombre. Se les dio de forma arbitraria, es decir, sin ninguna razón en particular. A cada objeto existente o descubierto por los humanos en la naturaleza les puso el nombre que se le ocurrió. No importa cuán fácil o difícil sonara, a él y a su comunidad (sociables) les servía de referente hacia el objeto que nombraron. Con el tiempo, hubo quienes se preocuparon por relacionar unos objetos con otros: sol-día, luna-noche, vaso-plato-cubierto. Son lo que conocemos como familias conceptuales. Y otras palabras que su relación era diferente: los sinónimos; estos, sirven para usar palabras distintas que tienen un significado en nuestra mente que resulta muy parecido: textos, escritos, cartas, publicaciones, etc., o insecto, bicho, gorgojo, larva, etc.

El nombre es una opción para elegir

De ahí viene la primera clave de la magia para tus escritos. Los sinónimos no son estrictamente idénticos en la mayoría de los casos. Hay siempre una pequeña, insignificante tal vez, diferencia. Es una variable sutil que permitirá a tus escritos jugar un poco con ellos.

palabras-wordsQuiero indicarte aquí un punto que es relevante: el lenguaje no es una calculadora exacta que siempre va a darte el mismo resultado. A diferencia de las máquinas, los seres humanos podemos movernos a través de los contextos con cierta facilidad. Lejos quedaron los tiempos en que se pretendía regular la lengua por medio de un diccionario. En cada zona del planeta se adecuan al uso personalísimo de las humanos. Luego de este breve paréntesis, volvamos a lo que estábamos.

Te decía que las palabras sinónimas definen de cierto modo a los objetos y que esas palabras tienen un pequeño matiz de diferencia, un tono ligeramente distinto. Cuando escribes, al ser tú el autor del mensaje comunicativo, tienes el poder de decidir cuál de todas las palabras posibles para definir un objeto o concepto, vas a utilizar. Tú escoges entre “amanecer” o “alborada”, “alba” o “primeras luces”. Escoger esas palabras con cuidado es parte del arte de escribir.

paisajeEl público de tu escrito

Si piensas como un español de la península ibérica, quizá te inspire decir: vosotros estáis ofuscados con vuestro ordenador. Muy distinta sería la voz latina: ustedes están enajenados con su computadora. Así, cuando escribes, vas a depender del punto número dos: tu público, al cual en breve llegaremos. Si deseas ser muy formal, usarás ciertas palabras, si quieres ser corriente o vulgar, usarás otras. La sugerencia es que seas tú mismo, que uses tus propias palabras, si tus escritos lo permiten. Probablemente te atraigan las palabras elegantes, rimbombantes, petulantes; tal vez optes por la claridad, la sencillez o la precisión.

Por sobre todas las cosas, debes ser sumamente consciente de ello. No te conviene ignorar este asunto si deseas que tus escritos sean amados por tus lectores. Decidir la clase de palabras que utilizarás es, por el momento, un asunto posterior. Primero debemos seguir en el análisis de ciertos puntos esenciales.

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