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LOS PERFILES DE EGRESO O DESEMPEÑO. MIRANDO EL FUTURO

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Abel Pérez Rojas
Nació en Tehuacán, Puebla, el 6 de enero de 1970. Es poeta, conductor de programas de radio, académico y gestor de espacios de educación permanente presenciales y virtuales.

11 de julio de 2017

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En los albores del siglo XXI nos hemos tenido que replantear nuevos paradigmas que hasta hace poco parecían inamovibles e inagotables. Bajo esta tónica el desarrollo tecnológico, el surgimiento de nuevas organizaciones entre países y la apertura de la brecha entre las naciones desarrolladas y las llamadas en vías de desarrollo se distanció aún más.

En las diversas latitudes se depositó en la educación la esperanza de desarrollo de todos los países, y se centraron gran parte de los esfuerzos “educativos” nacionales en la dotación de mayores recursos financieros, se identificó la cuestión financiera como un asunto toral que frenó e impulsó el desarrollo educativo de una nación.

Desgraciadamente hoy día varios países del mundo han quedado endeudados por la adquisición de créditos para educación, sin embargo no se han registrado avances significativos en la educación de sus ciudadanos… y sí en cambio, la deuda persiste.

Ante el panorama bosquejado y predominante en la mitad del siglo XX y lo que va de este siglo XXI es preciso hacer una pauta para cuestionarse y reflexionar acerca de qué tipo de educación es la que está en condiciones de formar mujeres y hombres que den respuesta a los grandes desafíos internacionales y locales.

Lo que podemos extraer de nuestra experiencia es que la realidad aparentemente responde a una dinámica con mayor velocidad, que si bien la escuela ha sido un espacio potenciador de los talentos humanos, también es cierto que actualmente se ha convertido en una limitante operar mediante un sistema de pensamiento que toma como sinónimos la educación con la escolarización, desafortunadamente este último punto está muy presente en la educación dirigida a personas jóvenes y adultas, tanto de quienes la propician como de quienes son sujetos de ella.

Ante todo el panorama que hemos bosquejado surgen algunas interrogantes que es pertinente plantear en este momento y que las comparto con todos los aquí presentes:

¿Cómo será el mundo en el 2027?

¿Cómo será México en ese mismo año?

¿Cómo será la educación para personas jóvenes y adultos?

¿Cuáles serán las actitudes, comportamientos y valores deseables para los retos del mundo y del país del año 2027?

¿Qué estamos haciendo desde nuestra trinchera para preparar el camino del ciudadano del año 2027?

Me he referido al 2027 sólo para colocar un punto en el espacio y coincidir en la vastedad, pero igual ejercicio podemos desarrollar si lo colocamos para un lapso de 30, 40, 50 ó 100 años.

Como podrá verse, el simple hecho de recorrer la fecha de encuentro, inmediatamente echa a volar nuestra imaginación, creamos y recreamos escenarios a partir de la información disponible en este momento de lo que podría suceder en esas fechas y hacemos acopio de nuestra experiencia en el pasado.

Pudiera parecer que el ejercicio anterior es sólo una jugarreta del pensamiento, sin embargo encierra situaciones de las cuales hoy día tendríamos que estarnos ocupando, lo que  está de por medio es la continuidad de la humanidad.

Tal vez en el 2027 los glaciares mexicanos hayan quedado reducidos a una mínima expresión, afectando con ello el suministro de agua dulce de los ríos y arroyos de más comunidades rurales, la combinación de lenguajes informáticos seguramente habrá dado a luz un sistema revolucionario de comunicación instantánea y de transferencia de datos, frente al cual los sistemas actuales son sólo un pálido destello de lo que serán aquéllos. Sin contar que en el 2027 estaremos a unos cuantos meses del 13 de abril del 2029, día en el cual el asteroide Apophis, pasará tan cerca de la Tierra que rozará la órbita donde se alinean los grandes satélites de comunicaciones, a 36.000 kilómetros de altura y que hoy  ha desatado la discusión sobre las posibles afectaciones de la vida en la Tierra.

¿Qué estamos haciendo para enfrentar esos retos?

¿Cuáles podrían ser algunas líneas de trabajo para propiciar que los jóvenes y adultos con quienes están conviviendo en los Círculos de Estudio, Plazas Comunitarias o Puntos de Encuentro sean actores del presente y del futuro y no sólo meros espectadores?

Hoy gran parte del escenario bosquejado responde a los avisos que nos envían los telescopios, las mediciones, los análisis, etc. es decir, precisamente lo que el Artículo 3º Constitucional en su fracción Primera contempla como un derecho de los mexicanos y en consecuencia una obligación no sólo de todo funcionario público de cualquier nivel de gobierno: el criterio que orientará a esa educación (la impartida por el Estado) se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.

Me permito indicar con respecto a la cita anterior que suponer que el futuro es totalmente incierto y que no tiene sentido orientar nuestro actuar educativo guiado por el futuro es precisamente un prejuicio, contra lo cual nos indica luchar el artículo 3º Constitucional en su fracción Primera.

El futuro nos desafía, nos evidencia entre lo que podemos ser y lo que somos, es decir, si hoy día casi todos coincidimos que no obstante los avances en todas las áreas del saber han sido asombrosos, también nos une el sentimiento y la idea de que nuestros logros son sumamente raquíticos, es decir, si podemos ser lo que el futuro y el presente demandan, sin embargo no lo somos ¿porqué estamos como estamos? Bien lo dice la siguiente frase: de seguir haciendo las cosas como las venimos haciendo, seguramente continuaremos obteniendo resultados muy parecidos a los obtenidos hasta ahora.

En todo este mar de reflexiones a partir de aquí me permitiré citar la obra del Dr. Luis Benavides Ilizaliturri, en lo referente a los desempeños:

“A la  luz de la educación permanente como proceso que se da a lo largo de toda la vida, han surgido nuevas visiones educativas cuya característica fundamental es la no exclusión.  Los fundamentos epistemológicos de esta concepción educativa se enfocan a concebir lo que se denomina currículo por desempeños contrapuesto ciertamente al currículo por competencias.  

“Etimológicamente, desempeños hace referencia a liberar (des) lo que está empeñado; y se refiere al cumplimiento de “aquello a lo que está uno dispuesto”, a la ejecución de lo ideado para una obra.  La etimología corresponde a una concepción epistemológica, donde el sujeto aprehende el objeto por conocer, en un proceso hermenéutico de diálogo, desde una situación ideal, donde el objeto conocido, siempre es capaz de dar más de sí (ofrece más datos), y el sujeto es capaz de aprehenderlos, haciéndolos suyos.

“El currículo por desempeños se configura tras elaborar, con visión prospectiva un cierto perfil que define la manera de ser, de actuar, de pensar, de decidir, de tener, que se espera de  quien esté dispuesto a aprender siguiendo un proceso.  Se trata de configurar un perfil personal, no un mero “instrumento” productor.

“En el currículo por desempeños, se definen los aprendizajes mínimos requeridos, para que el “aprendiente” pueda resolver, por sí mismo, situaciones personales, familiares, laborales, profesionales o sociales. De ahí que el currículo responda a las llamadas necesidades básicas de aprendizaje. 

“Para elaborar los llamados “perfiles de desempeño”, se requiere la participación social de quienes pueden prefigurar situaciones de “desempeño”, mediante preguntas, tales como “¿qué no puede no haber aprendido una persona (aquí se describe una situación de desempeño) para ser útll a esta comunidad, para cultivar esta tierra, para atender al público en una empresa, para manejar máquinas-herramienta, para ser feliz…?” 

“Los contenidos de aprendizaje se definen, posteriormente, para responder a ese desempeño. De esta manera, el currículo deja de ser un listado de asignaturas y se convierte en un plano o guía, que conduce de diversas formas, a un producto concreto: a una manera de ser, de actuar, de pensar, de decidir de una persona en una situación histórica.

“Así elaborado, el currículo deja de ser un listado de temas, para convertirse en la búsqueda de procedimientos y situaciones de aprendizaje, que promuevan un determinado desempeño.

“En síntesis, el carácter social y prospectivo, requerido para la elaboración de los desempeños es, en sí, un proceso de aprendizaje generador de valores, métodos y lenguajes, que humanizan la acción educativa y de capacitación al poner énfasis en el desarrollo del sujeto que aprende y no en el objeto por aprender.”

Hasta aquí la cita.

Está por demás decir que la imperante visión educativa de educar mediante competencias conlleva atar al individuo a los requerimientos externos, constriñéndolo a la voluntad del otro, generalmente del cliente y el mercado, o confundir a la capacitación como universo y fin último de la educación. En este último sentido se corre el riesgo de enfocar la educación para la vida sólo como la orientación para la subsistencia, es decir, por supuesto que el joven y adulto busca obtener beneficios inmediatos tangibles de sus estudios, pero también es cierto que quienes orientamos el proceso educativo tenemos en nuestras manos la posibilidad de incidir para dejar atrás el paradigma del destino, que vincula la pobreza como una cualidad hereditaria e insalvable.

El presente y futuro se manifiesta como una red compleja de relaciones; complejidad ante la cual varios de nuestros postulados científicos están revelándonos su insuficiencia, hoy día en todos los grupos de alto desempeño los esfuerzos multidisciplinarios e interdisciplinarios están siendo una alternativa y el pensamiento holístico – sistémico cualidad inseparable.

¿En qué medida nuestros esfuerzos educativos están dirigidos a la percepción de totalidades?

¿En qué medida estamos incidiendo para la actuación en la complejidad?

Recapitulando, la prospectiva, entendida como la disciplina que nos permite entender, influir y apropiarse del futuro desde el presente, es pilar indispensable a la luz del cual deben plantearse los modos de ser y actuar de los individuos en los diversos ámbitos de convivencia, en todo momento, en las distintas esferas de la vida cotidiana y con los cambios relacionales que esto implica, es decir, los Perfiles de Desempeño Social. Éstos sólo pueden ser planteados con certeza si son producto de un trabajo colectivo y participativo de esclarecimiento.

Como resultado del ejercicio prospectivo se puede observar que los desafíos futuros a corto plazo son de gran magnitud, por lo cual educar para lo mínimo, es decir, para la subsistencia, significa abonar a las desigualdades existentes entre los grupos marginados desde antaño y el resto de la sociedad.

Muchas gracias.

 Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.

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