Saltar al contenido

Teresa Prieto, la bruja asturiana condenada que pudo demostrar su inocencia

The following two tabs change content below.

El Tio-Abuelo Penradock

Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005). Creador del blog El Viajero Incidental. Bloguer de historia, cine, viajes y turismo desde 2009. Editor y colaborador en varios blogs.

Jove es una parroquia de la villa asturiana de Gijón, el barrio donde se ubican el hospital homónimo y el puerto de El Musel. Parece probable que su nombre derive de Iovis, el nombre romano del dios Júpiter (en cuyo honor hay numerosas estelas epigráficas por buena parte de Asturias), lo cual viene muy bien para engrosar el toque pagano de la historia de Teresa Prieto, una vecina de ese lugar que en el último cuarto del siglo XV tuvo que vivir la desagradable experiencia de ser procesada acusada de brujería.

Si te gusta esta publicación, dale tu voto y comparte (al final).

La Inquisición acababa de ser reinstaurada en el Reino de Castilla por los Reyes Católicos apenas dos años antes de los hechos, en 1478, merced a la petición que la reina Isabel hizo al papa Sixto IV y que éste escuchó promulgando la bula Exigit sinceras devotionis affectus, si bien no empezó a funcionar hasta 1480, en que fueron nombrados los dos primeros inquisidores, Miguel de Morillo y Juan de San Martín. Su labor inicial se centró en Sevilla y Córdoba, donde se habían detectado focos judaizantes, pero ya antes los tribunales ordinarios se encargaban de perseguir la hechicería y se dio en Asturias el caso de la citada mujer, algo bastante curioso, por cierto, teniendo en cuenta que en esa región, a la que las referencias conceden fama de brujeril, no se harían más que una par de intervenciones en toda la historia inquisitorial. La explicación hay que buscarla en el escepticismo que ese tema levantaba entre los inquisidores, especialmente tras del crítico informe elaborado por uno de ellos, Alonso de Salazar, a raíz del caso de Zugarramurdi y que hizo que los casos de hechicería y superstición instruidos por el Santo Oficio en España no superasen el siete por ciento del total.

Antigua representación de GijónGijón en el siglo XVII

 

Pero eso fue en 1610 y el caso de Teresa Prieto se produjo más de un siglo antes. Decía al principio que era vecina de Jove, que por entonces sólo era una pequeña aldea cercana a Gijón. Lógicamente, no se sabe de ella más que lo que figura en la causa, conservada en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid y que, además, no es la original sino un pleito de apelación a los hechos juzgados veinte años antes. Aquel juicio de 1480 empezó porque un vecino acusó a Teresa de ejercer el oficio de bruja o, más exactamente, de estría o striga, un ser mitológico con forma de ave rapaz caracterizada por sus apetitos vampíricos nocturnos con preferencia por los niños; como dice textualmente el documento: “…andando de noche por las casas ajenas para entrar en ellas haciendo mucho daño a los fieles cristianos, chupándoles la sangre mayormente a las criaturas, y otras cosas muy feas contra la Santa Madre Iglesia”.

Imagen clásica de la striga

 

Esas siniestras actividades, que realizaría no sólo en Jove sino en otros sitios, llevaron a intervenir al teniente corregidor del Principado, el bachiller Brecianos, que ordenó su detención y procesamiento asumiendo además el papel de juez mientras Juan del Acebal era nombrado procurador fiscal. A pesar de que únicamente había un testigo, el propio denunciante, al terminar la probanza se ordenó dar tormento a la acusada para conseguir su confesión. Se sabe que el método empleado fue con agua pero no está claro si se trató de la llamada tortura del agua, en la que al reo se le colocaba un embudo en la boca y se vertía agua a través de él, haciéndole tragar aproximadamente unos diez litros, o la llamada toca, en la que un paño sustituía al embudo; el infortunado (infortunada en este caso) se atragantaba y no podía respirar pero sin peligro de ahogamiento. La sesión duró una hora, durante la cual a Teresa la obligaron a ingerir una ferrada de agua. Esta medida de capacidad de la época equivalía a entre trece y dieciséis litros, pero eso aplicándolo a las labores agrarias; en estas situaciones es posible que fuera menos, quizá una cuba.

La toca o tortura del agua

No hay más detalles por la razón antes expuesta de que era una apelación de un proceso de años atrás. En cualquier caso, la acusada no confesó, lo cual era un indicio de inocencia. Ahora bien, cabe señalar que, por ejemplo, los inquisidores sabían retorcer la ley para llegar hasta sus límites, y si bien la norma prohibía repetir el tormento (salvo que aparecieran nuevas pruebas del delito), ellos lo interpretaban a su manera, prolongando más días esa única ocasión como una continuación en vez de repetición. En procesos de tribunales ordinarios la normativa era más flexible, por lo que la tortura podían aplicarse una y otra vez. Fuera ésa la intención o no, el caso es que Teresa no esperó a averiguarlo y se las arregló para escapar de su mazmorra. Eso llevó al juez a dictar veredicto de culpabilidad, condenándola a “muerte natural”, que se le habría de aplicar así:

(…) que en cualquier ciudad, villa o lugar donde fuese hallada la llevasen a la cárcel y así, caballera en un asno, atados los pies y las manos con una soga de esparto a la garganta, fuese llevada con pregón público por lugares acostumbrados de la ciudad, villa o lugar hasta el rollo o forca y allí debía estar colgada hasta que le saliese el espíritu vital y se le apartase el ánima de las carnes. Luego, porque ella con aire de encantamiento volvía a su cuerpo en forma del diablo, mandó que la quitaran de dicha forca, y le quemasen las carnes hasta que se tornase ceniza, condenándola además a la pérdida de todos sus bienes, los cuales aplicó a la Cámara y fisco, siendo condenada también a la pena de omecillo y costas procesales, la tasación de las cuales se reservó…”

Rollo de Sotopalacios, Burgos

Rollo de Sotopalacios, Burgos

 

Cabe aclarar algunas cosas para los menos versados en los usos y el habla de la época como el texto reseñado. Era costumbre que los reos condenados a pena capital fueran llevados a lomos de un burro (después se añadiría un serón arrastrado por el animal). El rollo o forca era una columna de piedra coronada por una bola o cruz -en cuyo caso resultaba parecido al clásico crucero, pues- que representaba la categoría jurídica del lugar, es decir, si dependía de la justicia civil, señorial o eclesiástica. Solía estar en plazas y era donde se colocaban la picota y el patíbulo, además de servir para colgar las cabezas y miembros de los ajusticiados. La pérdida de los bienes formaba parte fundamental de todo proceso porque servían para pagar las costas procesales (si el reo era insolvente se cargaba a los familiares y si éstos tampoco tenían dinero, a los vecinos). Por último, la palabra omecillo es homicidio.

Sorprendentemente, al enterarse de la sentencia Teresa se presentó en la cárcel pública de la Corte y Chancillería de Valladolid con el propósito de rechazarla mediante argumentos jurídicos tan fundamentados que parece obvio que contaba con asesoramiento ad hoc: según hizo constar en su protesta, cuando fue arrestada no se la había informado de los cargos ni de nada, no le habían comunicado quién la delató, el denunciante resultó ser el único testigo y aparte de incurrir en contradicciones era enemigo personal, lo que legalmente debía incapacitar su testimonio; además, no se le había proporcionado el preceptivo procurador para su defensa, actuando el teniente corregidor contra ella con injusticia y de forma contraria a las leyes del reino. Subrayó también que se la había sometido a tormento sin causa ni razón y la requirieron repetidas veces sin que aparecieran nuevos indicios o probanzas. Para terminar su alegato, destacó que al presentarse ante el tribunal demostraba su buena voluntad y debería redimir cualquier posible delito.


Palacio de los Vivero, antigua sede de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid entre 1371 y 1834; actual Archivo Histórico Provincial

 

En efecto, los alcaldes ordenaron al fiscal de la Corte y Chancillería, el bachiller Pedro Ruiz, traer su expediente para revisarlo. Aunque el proceso se prolongó mucho tiempo, el 21 de noviembre de 1500 se dictó la sentencia definitiva en la que se revocaba la anterior decidida por Brecianos y se absolvía a Teresa Prieto de “todo lo contra ella pedido”. Ninguna de las partes fue condenada a pagar las costas pero Teresa solicitó la entrega por escrito de la sentencia y la devolución de los bienes y hacienda que se le habían confiscado.

Bibliografía:

Los vaqueiros de alzada y otros estudios (Juan Uría Ríu)

Brujería asturiana (Elviro Martínez)

Historias, leyendas y brujas de Asturias (Miguel Arrieta)

La Inquisición española. Una revisión histórica (Henry Kamen)

Atlas ilustrado de la Inquisición en España (Enric Balasch Blanch y Yolanda Ruiz Arranz)

 

Visto: 5394 veces.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *